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El protegernos a nosotros y a los demás, que se ha venido entendiendo como virtud en medio de una amenaza invisible, justificada por cifras y recomendaciones transmitidas por los medios masivos, es soterradamente una manera de imponer el miedo y la desconfianza, que en una sociedad democrática y cooperativa son más unos antivalores. El uso de las mascarillas, además, esconde la obediencia resignación y consentimiento frente a la intervención del gobierno en nuestros propios cuerpos. Esconde la despersonalización y homogenización de la sociedad, como cuando en el Islam a las mujeres se les prohíbe mostrar la cara y el uso del velo es obligatorio; se prohíbe a la mujer reivindicarse como persona con diferentes matices, y se anula la subjetividad, ejercicio político para no sólo reafirmar la identidad sino sentir representadas y protegidas todas las diversidades de las reivindicaciones políticas. No somos una entidad homogénea.

Erich Fromm en el libro Ética y Psicoanálisis (2003), expone cómo la productividad es el tipo de actividad que resultará en un desarrollo de la  personalidad y las relativas y diversas potencialidades  de cada individuo; la productividad o improductividad en el desarrollo de cada persona depende del tipo de ética que sea prevalente en su sociedad y en su núcleo familiar. La ética autoritaria se basa en la visión maquiavélica de que el hombre es malo por naturaleza y que necesita de control y  disciplina para poder constituirse como ser social. Se premia la obediencia, la obediencia es virtud, y se castiga la desobediencia, el vicio. La ética humanista, por otro lado, parte del principio de que todos somos potencialmente buenos, compartiendo rasgos de familia con el axioma rousseauniano de que el hombre es bueno y que la sociedad lo corrompe. Necesitamos de un contexto social que no prohíba sino que permita el desarrollo de las potencialidades subjetivas, que son también forjadas en un contexto social propio. La virtud es la productividad y desarrollar lo que soy capaz, el vicio es todo aquella actividad que entorpece mi productividad.

La ética autoritaria sigue un modelo acabado, unívoco, monosémico, vertical, de castigo, en donde el espacio a reivindicar mis valores y virtudes culturales y por lo tanto subjetivas, es percibido como algo que hay que reprimir, mucho también en consonancia con la pedagogía conductista y cognitivista. Con la ética autoritaria también llegan las normas autoritarias, que lejos de ser un consenso o un contrato social son una serie de normas impuestas, bajo una aparente razón científica, este caso epidemiológica. Lávese las manos cuanto más pueda, use su tapabocas, no esté en aglomeraciones, aísle al enfermo Covid 19, no le haga ritual de despedida a un fallecido con Covid 19.

El estado induce a una personalidad viciosa pues vuelve a la gente improductiva frente al peligro que está al acecho, hace del individuo una persona pasiva que se acostumbra que un agente externo brindando lo que cada uno mismo puede: la autocuración.

La virtud más elevada en un estado social de derecho es la libertad por sobre todas las cosas, pues prima el reconocimiento y protección de quién soy yo en la sociedad, mi subjetividad y las propias maneras de curar y sanar, como lo es la oportunidad de despedir a un ser querido. Con las medidas de bioseguridad se vulneran varios principios y derechos fundamentales como la libertad de cultos, libre desarrollo de la personalidad, libertad a la diferencia, a la libre movilización, al derecho a movilización social.

Hay gente cuyas culturas y sus experiencias no pueden seguir las normas de bioseguridad, pues hay prácticas funerarias y otro tipo de tradiciones como el ritual de la muerte en la costa atlántica y otras culturas afroamericanas donde se tiene que tocar al muerto. Hace poco en un ritual funerario de la costa, abrieron un ataúd en la costa en un entierro de un féretro por Covid 19, a pesar de que violaban las normas de bioseguridad y protocolos, «el que tenga miedo que se vaya» decía uno de los asistentes. En Neiva la sociedad estaba indignadísima por la celebración en la calle el pasado Sampedro, una de las más importantes fiestas populares de Colombia. Eso no puede ser visto como indisciplina, son rasgos culturales,  de contexto, sanadores en su contexto, de sujetos políticos que merecen la cohesión social y merecen tener sus experiencias como las únicas que merecen ser vividas.


En Atlántico destapan féretro muerto supuestamente por covid en sepelio

En entrevista del 2 de julio de 2020 el sindicalista Tarsicio Rivera (Segovia 2020), miembro del comité de paro,  hizo énfasis en que las cuarentenas guardan la intención disfrazada de disuadir la movilización social. La alcaldesa Claudia López en sus decretos para contener la Covid prohíbe las manifestaciones durante gran parte de Julio y Agosto, tratando de también estropear el movimiento del Paro Nacional, que se ha fortalecido con las últimas manifestaciones del 15 de Junio, del 30 de Junio, y que se espera para el 15 y el 20 de Julio a pesar de su prohibición por decreto. ¿Dejaremos el legítimo derecho a la asociación y congregación y movilización se vean vulnerados por las leyes de una evidente ética autoritaria?

Entevista con Tarsicio Rivera, Comité Nacional de Paro

 Es una contradicción estar en contra de todos los decretos con fuerza de ley emitidos por el ejecutivo que van en contra de intereses de los trabajadores y por el otro creer que el gobierno quiere cuidarnos con las medidas de bioseguridad y el miedo que las respaldan. Es evidente que es un estado autoritario con una ética autoritaria, que con el pretexto de salvaguardar la vida, busca controlar la sociedad para poder hacer una que otra jugadita.

Gracias a la participación de un compañero sobre el borrador de este texto, tuve la siguente reflexión: Sobrevivir es resultado del miedo y las medidas que coartan los derechos civiles. Allí es donde actúan las políticas de la vida, las normas para dejar vivir, la biopolítica, o la conquista total del soberano sobre todos los territorios posibles. En ese ámbito se promueve al estado como único salvador de la crisis y a cada uno de nosotros como una víctima ante la inefable fatalidad de la endermedad. Vivir es tener agencia en el mundo, es saber convivir con los patógenos y tener una activa estimulación del sistema inmune como los es la buena dieta y la buena alimentación; mantener el cuerpo alcalino y no ácido. Nos creemos incapaces de vivir la única vida que merece ser vivida, porque el estado nos ha conquistado y territorializado, ha controlado nuestros cuerpos. Territorializar el mundo que aparece interno y externo es una manera de vivir y resistir el dominio que ejerce el estado sobre los cuerpos.

Referencias

Fromm, Erich (2016). Ética y psicoanálisis. Fondo de la Cultura económica, Bogotá.

Segovia, Camilo [Corona T.V, más allá del tercer canal]. (2020, 07 03). [Archivo de video]. Recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=yjtGot0mGAE

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