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El modelo neoliberal y su imposición de mercantilizar el derecho a la salud dio como resultado un sistema privado en el que los recursos se quedan en el camino en manos de los intermediarios, mientras los hospitales públicos hacen malabares para sobrevivir sin financiación y administraciones al servicio del politiquero de turno que supedita su funcionamiento a intereses electorales y en muchos casos desvían las inversiones.

Esta situación presenta un estado precario, hospitales en el abandono sin los medios indispensables para atender emergencias como la que estamos viviendo. El actual gobierno en su afán de favorecer los intereses que representa desaprovecho la emergencia y mientras los dineros destinados a paliar la emergencia dejan ganancias en el sector financiero y engrosan los presupuestos de las E.P.S.  privadas, la salud publica y los hospitales siguen trabajando con las uñas.

Estamos al filo de la navaja, la demanda de las urgencias del sistema de salud esta llegando al limite de su capacidad y del discurso de atosuficiencia del presidente cuando decía que tenia todo bajo control, estamos entrando a la etapa donde los especialistas de la salud de todos los perfiles prenden las alarmas ante un posible colapso.

En los diferentes medios de comunicación ya se expresan los dilemas a los que se enfrentaran los médicos cuando la demanda de urgencias supere la oferta, ojalá la situación no nos lleve al escenario de los hospitales italianos, españoles o neoyorquinos donde el medico de la unidad de cuidados intensivos decidía quien tenía más opción de sobrevivir.

El éxito que ha tenido el covid 19 para propagarse obedece a que un gran porcentaje de portadores no presentan síntomas, pero si transmiten la infección, por eso es tan importante quitarle velocidad al contagio para disminuir la presión sobre el sistema de salud y evitar su saturación.

La precariedad de nuestro sistema de salud además de la falencia en equipos y dotación de unidades de cuidados intensivos acordes para atender la emergencia, también presenta un déficit significativo en cuanto al personal calificado necesario para atender las urgencias que se avecinan. Otro aspecto que aumenta la preocupación es el nivel de contagio entre el personal de salud, en diferentes clínicas y hospitales ya se encuentran con la situación de su propio talento humano de las U.CI. ocupando las camas de urgencias, recordemos la negligencia de las A.R.L. para dotar a médicos y enfermeras de elementos de protección.

El objetivo de la cuarentena era frenar la contaminación por covid 19 mientras se adecuaba el sistema sanitario para atender la demanda de urgencias cuando se disparara el contagio. Se llego la hora de la verdad y la meta de fortalecer el sistema de salud se quedo a mitad de camino mientras valiosos recursos se desviaron a los intermediarios de las E.P.S. y el sector financiero.

La escasez de equipos a nivel internacional, sobre todo de ventiladores se ha convertido en otro elemento que no permite ampliar la oferta en cuanto a la capacidad de las unidades de cuidados intensivos indispensables para atender la cantidad de pacientes críticos.

Colombia no es autosuficiente en la dotación de los equipos que se requieren para adecuar una U.C.I. y tampoco en los elementos necesarios para adelantar las pruebas que permitan detectar personas infectadas, esta situación sumada a los márgenes de error que presentan los resultados como en el caso de falsos negativos, no permite tener una visión real y oportuna de la dimensión del contagio.

La realización de pruebas masivas es una gran herramienta que le permite tanto al sistema de salud como a la ciudadanía contar con información valiosa sobre quienes están contagiados y poder tomar las medidas oportunas para evitar la propagación. Hasta los últimos días Colombia viene a intentar utilizar un elemento muy importante de diagnóstico, hemos perdido meses. Por lo tanto, cuando los medios de comunicación nos hablan de las cifras, es muy posible que estemos observando la radiografía de días o quizás semanas anteriores.

La incapacidad y falta de voluntad de la administración Duque para focalizar ayudas a la población más vulnerable, volcó a las calles un gran numero de ciudadanos cuyo sustento diario depende de la economía informal, la lucha por un metro de espacio publico hace casi imposible cumplir con uno de los requisitos de bioseguridad necesarios para evitar la propagación del covid 19. La economía informal entendió como señal de luz verde los mensajes del gobierno para abrir sectores de la economía, pero además muchos no tienen opción.

Cuatro meses después de que Bogotá iniciara su simulacro de cuarentena y el confinamiento se extendiera al país, nos encontramos con un coctel de noticias falsas, funcionarios públicos de fiesta y paseo, el fiscal general de viaje a San Andrés, de puente con familia y amigos, según el en plan de trabajo. Quienes no cuentan con un jet que se mueve con dineros públicos arman la rumba en el barrio, champeta en Cartagena, parranda con asonada en Medellín, fiestas clandestinas por doquier. Esta sumatoria de cansancio ante el confinamiento, la búsqueda de válvulas de escape y expertos infectologos negacionistas deambulando por las calles y el transporte público sin protección, le están creando el caldo de cultivo propicio a un virus que se siente a gusto en las camas de las unidades de cuidados intensivos.

Resulta increíble pensar que la solución a esta crisis es tan simple como respetar las normas de seguridad básicas para evitar la propagación de este tipo de virus, por trillado que suene la distancia, el tapabocas, el aseo de manos realizados a conciencia nos tendrían en otro escenario. Se trata de ser conscientes, consecuentes y evitar ser parte de las estadísticas de las urgencias hospitalarias. En estos momentos debe primar el bienestar colectivo por encima de libertades individuales como la opción de llevar mascarilla.

La precariedad del sistema de salud, el enfoque y las medidas del gobierno, la transmisibilidad del virus, el comportamiento ciudadano, la escasez de pruebas y equipos, entre otros llevaron a la situación actual, ciudades cuyas unidades de cuidados intensivos no tienen ni un cupo disponible. Este es el momento menos oportuno para relajarnos porque no hay cama pa tanta gente.

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