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Un 20 De Julio O un 7 De Agosto

A propósito de estas fechas que siempre nos genera la confusión de celebrarla o analizarla desde el punto de vista de los  verdaderos logros obtenidos: el 20 de julio de 1810 hace exactamente 210 años conocida como el grito de independencia, que en realidad fue el detonante pero no fue el definitivo y el 7 de agosto de 1819 próximamente 201 años la batalla de Boyacá que sello la independencia de Colombia pero marco el inicio de contiendas locales, guerras civiles, desacuerdos políticos y el surgimiento del poder de una clase política y social que se fue adueñando del capital, medios de producción y todo lo que representara la dominación sobre el resto de la población.

En Estas fechas los actos conmemorativos resaltan la hidalguía y el heroísmo de tantos guerreros que dieron sus vidas por la causa libertadora, lo entregaron todo, algunos hasta sus fortunas, o sus vidas por ver cumplido el sueño libertador, Simón Bolívar tenía el sueño de una gran patria, soberana, libre y progresista, él sabía que el proceso de consolidación de las nuevas naciones iba a resultar más difícil que la misma campaña libertadora, porque en adelante debía hacer frente a la pugna de intereses políticos, económicos que surgieron y la insinuante aparición de Estados Unidos como nueva potencia mundial, teniendo al resto de países latinoamericanos como plataforma para este propósito.

Bolívar visionaba este panorama y quiso evitarlo formando lo que llamo la gran Colombia, a la cual pretendió fortalecer planeando en un futuro la anexión de Chile y Argentina, y lo que fue ocurriendo después es que Ecuador primero y luego Venezuela se separaron de Colombia, Bolívar bajo tranquilo al sepulcro viendo como ese gran sueño se desmoronaba. (Kalmanovitz, 2019)

Pero la visión de Bolívar no fue tan grande como las ambiciones de los líderes, futuros políticos y gobernantes, que les pareció mejor idea ir conformando una oligarquía que se adueñará del poder, incluso de los medios de producción de la naciente economía colombiana. Ya sabemos lo que ocurrió todos estos 200 años, las diferentes etapas que hemos vivido en Colombia: Guerras civiles en el siglo XIX, violencia partidista en la primera mitad del siglo XX, el surgimiento de las guerrillas, el narcotráfico, el paramilitarismo historia tras historia, acontecimientos que nuestra memoria recuerda, pero que de una u otra manera, pareciera que nosotros mismos nos condenamos a repetirla, porque en medio de los recuerdos lo que tendemos es a olvidarla o lo que es más grave ignorarla. (Arias Trujillo, 2011)

Y estamos en este punto de nuestra historia, tratando de entender esta actualidad que estamos viviendo, una vez más sintiéndonos opacados, trasgredidos, en ocasiones me pregunto si somos fieles al sueño independentista de Bolívar, si la patria soñada es la que actualmente tenemos, creo que muchos de nuestros dirigentes, muchos de la llamada oligarquía colombiana nos han robado, nos estafaron, los jóvenes que estudian esa historia de Colombia se confunden y se preguntan:  ¿Por qué se luchó tanto por la independencia?, si lo que paso después fue tan o más doloroso que lo que ocurrió bajo el yugo español, si la violencia se incrementó, si los odios fueron más recalcitrantes y generaron mayores males para el país. Es solamente una pregunta que he escuchado hacen a menudo.

El gobierno de Duque ha sido una gran clase presencial de historia de Colombia. Más en concreto, del modo en que se ha ejercido siempre el poder en Colombia, que consiste, ni más ni menos, en gobernar para la banca, las empresas grandes y el estamento rico de la sociedad. En el caso actual, la pandemia fue definitiva. La mayoría de los recursos para salvar a la población pudieron deslizarse sin mayor problema a los bolsillos de esas empresas grandes y esos bancos, que ya eran ricos por las prebendas y monopolios que han tenido desde el inicio de los tiempos, por un motivo absolutamente sencillo, y es que son ellos quienes pagan las campañas presidenciales. Esto, en el sistema capitalista, quiere decir que los gobernantes son empleados de los empresarios y banqueros. No solo el Gobierno, también la mayoría de los congresistas de la república; por eso legislan de acuerdo con los intereses de sus patrocinadores, a quienes les deben su curul. El resto del país no cuenta: es el botín del que se extrae el oro. Y la población, una fotografía de fondo. Una galería de voces que nadie oye.

Colombia actualmente vive acorralada entre los propósitos de un gobierno empeñado en generar reformas, cambios,  afectaciones sobre todo a la clase trabajadora, una corrupción descarada e impune, movilizaciones y protestas, noticias que van y vienen manipuladas a conveniencia de intereses oscuros de un  sector de la política que ya antes en la historia en otras circunstancias, genero caos con su política reformista y neoliberal; pero ahora la coyuntura nos lleva a pensar en la etapa más compleja de la corrupción y el desgobierno.

Por eso, desde el punto de vista económico, financiar campañas es un negociazo. Sarmiento Angulo le da, por decir algo, $500 millones a la campaña de Duque, más todas las facilidades crediticias y de logística que pueden ofrecerle sus bancos y empresas. Luego Duque, ya de presidente, devuelve el favor con contratos, subvenciones y ayudas, pero multiplicado por mil. Y más con esta coyuntura de emergencia, feliz para ellos. Si algo ha sido ¡El COVID-19  el Baloto de los amigos del Gobierno! El pequeño obtuvo poco y el grande mucho, pero todos recibieron en sus debidas proporciones. Si hay algún problema, ahí está el ministro Carrasquilla para satisfacer a sus futuros empleadores.

Un presidente que ante la opinión pública aparece ahora como el salvador en medio de esta coyuntura, que ha tenido algunos dicen ha abusado de su poder para aparecer en televisión todos los días, el mismo que decía que no había  razones para realizar un paro,  en medio de una mesa de concertación que quedo en veremos y sus ministros declaraban ante los mismos medios puntos sobre las posibles reformas, no recuerdo un gobierno tan anquilosado, tan confuso en un lenguaje que no se descifra fácilmente, lo que genera en primera medida mayor antipatía, y después una gran incertidumbre por lo que no sabemos exactamente que esperar, de lo único que estoy seguro es que ese ambiente de caos puede ser el propósito exacto de lo que quieren, para poder justificar la violencia, para volver al país al estado de guerra del cual disfrutan, para que mientras todos nosotros nos hallamos y tan conveniente en estas circunstancias que aparecieron como por arte de magia.

Impresiona el modo en que el Gobierno y los senadores uribistas defendieron hace unos días a las grandes empresas sobre las pequeñas con el tema de los tiempos de facturación, apoyando que se hiciera por “acuerdo entre privados”. De la manera más perversa y mentirosa. ¿Cuál será el acuerdo justo y equilibrado al que podrá llegar una modesta cooperativa agrícola de Boyacá con los supermercados Éxito? ¿Dónde estaría la equidad? Pero es que el Gobierno y los senadores trabajan para los empresarios grandes, no para los pequeños. Por eso, cuando surge un candidato que está contra este sistema de empresarios sobornadores hacen todo lo posible para sacarlo del camino de una forma u otra, en la actualidad la manera más efectiva es a través del desprestigio acusaciones, tarrea que cumplen también muy bien los medios de comunicación amigos del régimen. La justicia entra en el paquete combo de la inversión. Fiscales de bolsillo como Martínez en el pasado y cuando se pensaba que alguna solución habría con su salida aparece Barbosa con el gran mérito y antecedente de ser amigo personal de Duque, y ya hemos visto los resultados de su gestión en pocos meses. ¡Deteniendo a los policías que descubrieron la ñeñepolítica! Como si en el caso Watergate, en lugar de destituir a Nixon, la justicia hubiera metido a la cárcel a Bob Woodward y Carl Bernstein. No queda otra que decir ¡Qué vergüenza de país! o, en otras palabras, un país que merece su destino por las decisiones erráticas o por no aprender sus propias lecciones que no estas tan lejanas en la historia reciente.

Ahora empieza una nueva legislatura, se cumplen la mitad del tiempo del gobierno de Duque, como quien dice estamos en la mitad, nos falta el mismo tiempo que llevamos asistiendo a este teatro, a esta comparsa que la historia de Colombia nos permitió vivir, con la incertidumbre o claridad al mismo tiempo de que será más de lo mismo, que será para nosotros una prueba de resistencia como tantas ha tenido Colombia. ¿La única esperanza será que dentro de dos años cuando estemos nuevamente en elecciones nuestras decisiones sean mejores?, que estos cuatro años no hayan sido en vano, que las quejas, las protestas, el inconformismo del que hacemos alarde casi todos los días, la sensación de que son muy pocos realmente los que avalan la gestión de este gobierno y una mayoría importante los que consideramos que Colombia de verdad está a la espera de cosas mucho mejores que la lleven por el camino que quizá soñaron los que hace más de 200 años un 20 de julio o un 7 de agosto empuñaron arnas e ideas con verdadera convicción política el surgimiento de una patria grande, libre y soberana.

¿Y usted que piensa?

Por: Mauricio Hernández Palacios



Referencias

SALOMON Kalmanovitz, Nueva historia económica de Colombia. Edición revisada y actualizada, Editorial Penguin Random House, Bogotá, 2019.  

Ricardo Arias Trujillo, Historia de Colombia contemporánea (1920-2010)

Bogotá, Universidad de Los Andes, 2011.

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