web analytics

Un día sin que nadie nos preguntara nos cambió la vida y sin la opción de poder decir que no, empezamos una vida en confinamiento por causa de la pandemia SARS COVID 19 la cual llegó abruptamente.  Fue como habernos despertado en medio de una pesadilla que se ha extendido por más de cinco meses y que continúa, quien sabe hasta cuándo, según nuestras autoridades de salud y gubernamentales.

El gremio de la educación -personal administrativo y docente- fue uno de los primeros que inició y asumió el aislamiento social por orden presidencial y local a mediados de marzo,  dado que se consideró que la población de los colegios estaba expuesta en alto porcentaje a la cadena del contagio del virus. Este sector educativo ha enfrentado hasta hoy todas las vicisitudes y dificultades que se han generado por causa del confinamiento y de la puesta en marcha de la educación virtual, basados en que hay un compromiso de parte de los educadores y directivos de las instituciones educativas públicas y privadas en continuar el trabajo de instrucción y formación de nuestros niños, niñas y jóvenes.

Diversas organizaciones nacionales e internacionales expertas en temas de salud, como por ejemplo el  Colegio Colombiano de Psicólogos, se han pronunciado sobre los efectos que puede tener la pandemia Covid-19 en la salud mental de las poblaciones  considerando que puede llegar a ser catastrófica convirtiéndose en una emergencia de salud pública agravando también la situación económica del país. Por otro lado, el psiquiatra brasileño Humberto Correa, invitó  a todos los gobiernos, a profesionales de la salud mental y a la sociedad en general a prepararse por las consecuencias de la “ola de trastornos mentales” producto del confinamiento y del aislamiento, para que se definan estrategias con el fin de mitigar los efectos de la pandemia especialmente en población vulnerable.

Dentro de este artículo se toma el concepto de salud mental como lo entiende la Organización Mundial de la Salud –OMS- “un estado de bienestar  físico y mental, en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”.

Sin ningún aviso y sin ninguna preparación, los docentes de aula como también los docentes orientadores han tenido que echar mano de sus propios recursos y medios físicos, tecnológicos y hasta económicos para responder a sus obligaciones conforme  a esa labor con la que se comprometieron de formar y guiar a sus estudiantes y a su vez continuar con su vida personal, familiar y laboral. Como nos indica la investigadora del Instituto Tecnológico de Monterrey Paola Estrada Villafuerte “el coronavirus está cambiando instantáneamente la forma en que se imparte la educación, ya que la escuela y el hogar, ahora se convierten en el mismo lugar tras las necesarias regulaciones efectuadas”.  Esta nueva manera de educar ha generado una sobrecarga de trabajo, rompiéndose el límite de la jornada laboral.

Educar no ha sido tarea fácil, pero ahora más que nunca ha requerido de un gran esfuerzo primero para superar los propios miedos y la zozobra ante el temor de contagio y después para continuar con esa labor que ha requerido cambios de rutinas, costumbres, estilos de enseñanza y de aprendizaje, las formas de comunicación, la utilización de herramientas tecnológicas que antes eran opcionales y que ahora son el principal recurso para llegar a la población de estudiantes y sus familias.  Para los y las orientadoras también ha sido un gran reto en el desempeño de su labor de atención a sus estudiantes y a la comunidad educativa en general, pues también han tenido que crear nuevas estrategias para acercarse a ellos.

Esta nueva manera de educación mediada por la tecnología ha permitido un gran despliegue de creatividad en todos los educadores pero ha requerido de esfuerzos extras de autoaprendizaje en el uso de plataformas y nuevas conectividades tales como el uso de celulares, Whatsaap, YouTube, Zoom, Teams, Blogs, Facebook, correos electrónicos, y muchos otros medios para hacer llegar la información a distancia, lograr la comunicación y poder continuar con la educación.  No se puede negar que quienes han tenido mayor facilidad en estas nuevas metodologías han sido los y las docentes más jóvenes o  aquellos inquietos que ya las utilizaban de manera regular; esto ha sido un gran reto para los demás puesto que implica el aprendizaje de destrezas y competencias en el campo de las Tecnologías de la información. Sin embargo, no por esto se han quedado atrás manejando estas nuevas herramientas.  Al inicio fue por pura necesidad personal de continuar impartiendo sus conocimientos y sólo meses después la Secretaría de educación se ha preocupado por capacitar a sus docentes en estas nuevas tecnologías, en otras palabras “el mayor cambio que requiere el aprendizaje virtual es la flexibilidad y el reconocimiento de que la estructura controlada de una escuela no  es replicable en línea”. Estrada V. Paola. 2020

Al comienzo del confinamiento hubo mucha confusión para todo el gremio docente. Cada día aparecían nuevas resoluciones, directivas, decretos, comunicados del gobierno, del Ministerio de educación, de salud, de la Secretaría de educación, sindicato, rectorías, coordinaciones, etc., y actualmente audios de la secretaria de educación con diversos mensajes entre los que se dan anuncios que a veces son contradictorios de cómo se va a proceder o a continuar con la educación virtual, presencial, con alternancia, por lo menos en Bogotá. A su vez los informes noticiarios que no son nada alentadores con respecto a las cifras de contagio y muerte que aumentan día tras día. Esto les ha generado sin proponérselo ansiedad, miedo e incertidumbre ante tanta información sin la seguridad de que las cosas vayan a cambiar pronto.

Con todas las dificultades de encuentro y comunicación con los estudiantes y sus familias, se ha evidenciado toda clase de necesidades y dificultades desde las motivaciones para continuar con su educación, dificultades tecnológicas y de conectividad, emocionales, familiares, laborales por pérdida de empleo y por pérdida de vidas humanas y grandes necesidades económicas que agravan todas las demás.  Pese a todas las ayudas que ha ofrecido el gobierno nacional y local muchas familias, por razones desconocidas, no han recibido ninguna ayuda y han tenido que vivir a expensas de ayudas familiares y de la solidaridad de  docentes que mes a mes “sacan de su bolsillo” para apoyar a esas familias que no tienen con qué comer ni con qué pagar arriendo y servicios. 

Esta es la nueva realidad que se vive en los colegios de nuestra capital y seguramente en condiciones mucho más difíciles en los demás territorios del país y en las zonas rurales.  Las clases y actividades pedagógicas no son solamente un aliciente emocional  sino que a través de ellas se canalizan y contienen emociones y se motiva a los estudiantes para afrontar las diversas situaciones, se escuchan sus relatos y necesidades para buscar alternativas que mitiguen el impacto que les deja esta pandemia.  “Estamos en la primera línea de la experiencia emocional de los niños, niñas y jóvenes.  No somos indiferentes.  Captamos sus necesidades emocionales al igual  que médicos y enfermeras captan signos vitales; respondemos con urgencia con los recursos que conocemos, los que tienen nuestras instituciones o los que creamos en medio del proceso”, así lo ve Ortiz Jenny A. docente del programa de psicología de la Universidad del Rosario. (2020).

En estos primeros cinco meses de la Pandemia Covid-19, se han incrementado los casos atendidos en nuestras instituciones educativas relacionados con estrés, maltrato infantil, violencia intrafamiliar, ideación y conductas suicidas, abuso sexual, desmotivación al estudio y deserción, consumo de sustancias psicoactivas, entre otros, que han prendido las alarmas y  han sido abordados por orientación, desde hablar con  estudiantes, con padres de familia, activando rutas, remitiendo al Sistema de Alertas de Secretaría de Educación, al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar ICBF, Comisarías de familia y otras.  Atender y gestionar estos procesos es muy difícil por su contenido emocional pero ahora de manera virtual es agobiante y desgastante sobre todo cuando antes el abrazo y la mirada cara a cara hacían parte de sus estrategias de apoyo y afrontamiento.

Los orientadores y orientadoras escolares (profesionales en psicología, psicopedagogía, trabajadoras sociales y de otras áreas terapéuticas)   están en primera línea atendiendo todo lo relacionado con la salud mental de la comunidad educativa, entendida ella como padres y madres de familia, cuidadores, estudiantes y docentes.  Esta es la población que atiende usualmente los orientadores y que dentro de sus funciones nunca ha sido respetado el parámetro de 250 estudiantes por orientador(a) de acuerdo con el espíritu de la resolución 2340 del 5 de abril de 1974. Al contrario, actualmente  cada orientador de los niveles de preescolar y básica primaria o de básica secundaria y media atiende a 700, 800 o más de mil estudiantes y a sus respectivas familias.  A todo esto se suma la multiplicidad de funciones que atienden dentro de las instituciones.  En las actuales circunstancias y con el aumento de las tensiones emocionales, psicosociales y afectación en la salud mental de la población en general se podría decir que su capacidad está desbordada como personas en cuanto a sus necesidades personales, familiares, laborales y a su propia estabilidad emocional y de salud mental en otras palabras pueden estar sufriendo del Síndrome de Burnout o del trabajador quemado.

Ante la emergencia que está viviendo nuestro país el Colegio Colombiano de Psicólogos envió una carta al Presidente de la República Iván Duque el 30 de mayo, en razón a “la crisis de la salud mental y el papel de los psicólogos en la pandemia del Covid-19”. Colpsic 2020.  En ella le presentan su inconformidad por las insuficientes medidas y recursos para abordar el impacto de la salud mental del Covid-19 y el pobre reconocimiento al rol de los psicólogos como profesionales antes y durante la pandemia.  “No hay demasiadas psicólogas como afirmara la Sra. Vicepresidente de la República el 14 de febrero pasado en Medellín; por el contrario, sectores como salud, educación (en marzo 2020 el Ministerio de Educación reportaba 7’554.397 estudiantes en educación básica primaria y secundaria y tenía contratados apenas 1.920 psicólogos como docentes-orientadores), o en la atención de las víctimas del conflicto, existe una necesidad urgente de profesionales de la psicología y se deberían disponer recursos para emplear a cientos o miles de psicólogos con las competencias requeridas”.  Estos datos son muy significativos y son un llamado urgente para atender  a la comunidad educativa. 

Cuidar a los cuidadores debe ser una tarea inmediata, seria y responsable por parte de nuestras autoridades de la Secretaría y Ministerio de educación, salud y gobierno para preservar la salud mental de los educadores.  Sin demeritar la importancia de atender la salud y el bienestar de los estudiantes y sus familias, se requiere atender también la salud y el bienestar del grupo docente. 

Hay investigaciones en diferentes latitudes que demuestran que es una necesidad atender a los cuidadores no solamente por la pandemia que estamos viviendo, así lo evidencia un estudio de la Fundación Robert Wood Johnson, en el que Delgado Paulette señala: “El bienestar mental de los educadores afecta profundamente en el de los alumnos sin embargo, aunque existen muchos programas para apoyar el bienestar mental de los alumnos, se descuida el del docente”. El estudio refiere que la educación es una de las profesiones más estresantes.  Por esta razón y por las condiciones actuales del Covid-19, asociado a esta nueva realidad se debe identificar, analizar y prevenir los factores de riesgo psicosocial y promover entornos organizacionales favorables. Es así como en México se aprobó la Norma Oficial Mexicana NOM 035,  cuyo objetivo es “implementar mantener y difundir en el centro de trabajo una política de prevención de riesgos psicosociales” que entraría en vigor en octubre 2020, para empresas de todos los tamaños para atender factores de riesgo psicosociales y emocionales de sus empleados como estrés, ansiedad y desequilibrio del sueño,  ellos esperan “que esta norma impacte positivamente a los docentes y que se replique en el resto del mundo”.

En otro estudio especialistas advierten sobre las consecuencias de los largos períodos de cuarentena y se muestra cómo se está apoyando a los profesionales de la salud quienes están “en primera línea de combate de la pandemia” porque van a sufrir  “una epidemia de síndrome de estrés postraumático” y fue puesto el Hospital Carlos III de Madrid como referencia  para los países latinoamericanos por Marcelo Cetkovich, director médico de INECO (Instituto de Neurología Cognitiva) por encargar a un grupo de psiquiatras la tarea de “atender a los trabajadores de la salud del centro y ayudarlos a lidiar con el estrés y sus sentimientos”, con el que buscan brindar apoyo a los cuidadores.

La educación en Colombia que atiende a la población más importante para el futuro de un país niños, niñas y jóvenes y que está en manos de los educadores no puede quedar al descubierto y a la deriva por parte de nuestras autoridades.  Los docentes orientadores escolares que están en primera línea en salud mental por el Covid-19, son otros héroes, que deben recibir la mejor atención por su labor de riesgo y de afectación y por el impacto que han recibido por más de cinco meses en el desempeño de sus funciones con estudiantes y familias en promoción, prevención y atención en salud mental, en su formación como personas y en proyección a la vida. ¿Y a los cuidadores quién los cuida?

Para cuidar a los cuidadores se debe tener en cuenta esta bitácora que es un reflejo de la realidad para salvaguardar su vida y garantizar condiciones óptimas de trabajo: En primer lugar, reconocimiento de la labor profesional como docentes orientadores, respetando parámetros según resolución 2340 del 5 de abril de 1974. Segundo, contratación de más profesionales en orientación para atender a la comunidad educativa durante y después de la pandemia. Tercero, atención en salud física y mental inmediata y preventiva por riesgos relacionados con Covid-19, Síndrome de Burnout, con servicio óptimo y de calidad con programas para ellos y sus familias desde el servicio médico. Cuarto, planes de Bienestar de la Secretaría de educación con propuestas en bienestar emocional y apoyo psicosocial preventivos e inmediatos para superar el impacto por Covid-19 que incluya al grupo familiar. Quinto, revisar sobrecarga de trabajo, límites de la jornada y condiciones laborales. Sexto, programas de capacitación en temas como las nuevas tecnologías y estrategias de enseñanza y atención desde la virtualidad y Séptimo, apoyos en recursos tecnológicos para continuar con esta nueva forma de enseñar mediada por la tecnología.

Por: Yolanda Silva Barrera

Agosto / 2020

Referencias:

-Colegio Colombiano de Psicólogos, Colpsic. Carta al Presidente Iván Duque, mayo 30, 2020

-Correa H., Cetkovich M., Trastornos mentales, secuelas del aislamiento por la pandemia.  Portafolio Junio 5, 2020

-Delgado Paulette. Los docentes también necesitan apoyo para controlar su estrés. Observatorio de innovación educativa  Tecnológico de Monterrey.  Noviembre 4, 2019

 -Estrada V. Paola. Educación en tiempos de pandemia Covid-19 y equidad del aprendizaje, Observatorio de innovación educativa Tecnológico de Monterrey. Marzo 19, 2020

 -Organización Mundial de la Salud

 -Ortiz Jenny A. docente del programa de psicología. Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud. Universidad del Rosario Salud.  Abril 23, 2020 Nova et Vetera

Visits: 1238

Suscríbase a nuestro Boletín

Unase a nuestra lista de suscriptores para recibir las noticias y novedades de su interés.

Gracias por suscribirse.

Share This